No me dedicaré a generar otra reseña más sobre la jornada electoral, sino un sencillo análisis ciudadano sobre el quehacer político nacional.  El recuerdo del manifiesto elaborado por Jerry McGuire se me viene un poco a la mente, pero sé que el efecto deseado por el escritor valdrá con una sola persona que lea este texto.

Un país pintado de colores

Es interesante ver cómo en las gráficas generadas por los medios de comunicación impresos, televisivos y “weberos” la geografía nacional se expresa con colores.  El verde, azul y amarillo sirven para convertir la opinión popular en regiones o zonas de poder.  Se pierde la individualidad y la masa crítica de los votantes, los candidatos convertidos en ganadores pierden identidad y, si poseían propuestas, son reducidas a simples colores.  No sé si se entienda mi idea.

Cuando votamos, o mejor dicho voto, deseo que mi “tache” sirva de algo.  Pero a muchos les pasa que no se llega a la casilla con el pleno conocimiento de las propuestas de los candidatos, de una convicción plena de formar parte de un proyecto político y de una sensación de ser partícipe en un cambio hacia el progreso del país.  En muchas ocasiones simplemente se elige un color.  Nada más que un color.  Para convertirnos luego en masa colorida y pintar estados, distritos, delegaciones, municipios, secciones colonias, pero jamás yendo de lo general a lo particular hasta detenerse en el individuo que “eligió” o “no eligió”.  Simplemente una mancha de color más.  Si tu pensabas que nuestro voto, en un país democrático como el nuestro, servía para el cambio simplemente comprendemos ahora que es la única herramienta existente de legitimación de las paletas de color entre el RGB y el CMYK.

Entre apatía, inasistencia y anulación
Según datos de hoy, entre el 60 y 70 por ciento de los votantes en edad y capacidad de votar no asistió a las casillas; esto incluye al entre 6 y 7 por ciento de los votantes que acudieron a las casillas a anular su voto.  Simple y llanamente, significa que no más de la mitad de los mexicanos con credencial de elector participaron en las elecciones del día de ayer.  Por cierto, nos pone en las peores posiciones de participación política en América Latina.

Tenemos un organismo que se dedica día y noche, junto con sus “suborganos” estatales, a poder producir (tomándo el término un poco de los medios audiovisuales) una “buena” y estructurada jornada electoral.  Poseen un presupuesto y destinan cierto porcentaje del mismo entre los partidos para que a su vez llegue a los candidatos y más o menos lo gasten a su antojo.  Generan leyes electorales, se la viven en sesiones continuas, y poseen tiempo aire en los medios de comunicación públicos y privados.

Lo cierto es, que las acciones tomadas por parte del Instituto Federal Electoral previo a estas elecciones del 2009 no sirvieron para nada, ya que la promoción del voto tampoco tuvo los efectos deseados.  Posiblemente se desarrollaron los comicios sin incidentes, pero es de mucho impacto el hecho que no asistan los mexicanos a votar.  Escuché que los especialistas califican esto como una “falta de representación política” entre el ciudadano y los candidatos/partidos.  Lo cierto es que cuando el mexicano/mexicana se sienta identificado con un movimiento político e ideológico de verdad, muchos se pondrán a temblar.

Y de nueva cuenta el Progreso
Dicha palabra, progreso, implica mucho.  Evolución, aprender de los errores, ser crítico/autocrítico, supervivencia, transmisión de valores, continuidad.  No recuerdo si alguna vez escuché esto en algún eslogan político recientemente.  Lo cierto es que nos encontramos muy lejos del progreso como Nación.

Espero sinceramente que los electos, sean del color que sean, aprendan a trabajar con las obras y acciones de sus antecesores.  Que aprendan de los errores de las autoridades en el poder, ya que seguramente su labor de identificarlos, señalarlos y promoverlos (los errores) sirvió como arma durante las campañas hecho que seguramente aminoró la preferencia de los votantes.  Que se empiece a pensar en un proyecto de Nación como tal, con planes de desarrollo, estrategias de conservación, de educación, de nuestra cultura.  No de llegar y destruir todo lo que había a su paso como lo hacían los piratas, las tribus salvajes y algunos cuadros de huestes revolucionarias (y me refiero a las del 1910).

Pensar en un México mejor para muchos es muy difícil.  Decía uno de mis instructores Six Sigma que el mexicano le teme al cambio, que su preferencia siempre estará cerca de dejar las cosas como tal porque le da miedo perder lo que tiene y que considera “dejar las como están” y pronto convierte los malos hábitos en una tradición de familia.  Espero no sea este el caso.  De regresar al PRI porque “ya lo conocemos”, porque “cuando estaban a todos nos tocaba”, porque “pues mas vale viejo por conocido”.  La labor del ciudadano es estar al tanto de lo que sucede para alzar la voz y ser partícipe del cambio.  Para identificar nuestros puntos fuertes y reforzarlos.  Para señalar los débiles y poco a poco, con educación y mucho esfuerzo, irlos borrando de nuestro presente, de nuestro México.

La basura política
Simplemente volteen cuando anden por la calle y se darán cuenta dónde se destinó gran parte de los presupuestos electorales.  La propaganda política se convierte en ruido visual por toda la república.  No posee nada de estética y si carecemos de una buena imagen urbana, cada tres años la empeoramos poco a poco.  Seguramente permanecerán bardas pintadas, espectaculares, pendones, calcomanías, letreros y todo lo que se haya colocado en algún momento con la finalidad de promover a algún candidato o partido político.  Hay una fecha específica en cada Estado para retirar dicha propaganda pero reto a todos los partidos a que hagan una limpieza al cien por ciento del territorio nacional.

Mi reto es aún más grande, que para el próximo proceso se empleen materiales reciclados y biodegradables porque la “tradición” de contaminar visualmente nuestros paisajes aún tardará en extinguirse.

¿Y de la crisis?
Quien haya votado castigando al PAN pensando que tiene la culpa de que el país se encuentre en la situación económica actual es porque simplemente no lee las noticias.  No tienen la culpa, sino que simplemente no lo supieron manejar mejor.  Pero de eso también tienen la culpa los integrantes de la Cámara de Diputados y de Senadores, así como muchos servidores públicos en todas las instancias de Gobierno. ¿Conoces a tus representantes en la Cámaras? ¿Sabes en qué ocupan sus días? ¿Sabes si se presentan a trabajar?

Su responsabilidad es informarnos qué hacen, pero la nuestra es exigirles que se cumpla nuestros deseos ciudadanos.  Por eso mismo asististe a la casilla con toda la seguridad del mundo a votar, ¿verdad?

Mis motivos
Al amanecer hoy de repente se me vino a la mente que durante mis estudios de licenciatura, tras una jornada electoral, en más de una clase nos dedicábamos a analizar los resultados conocidos al momento de las votaciones.  Algunos con apatía, otros con mucho entusiasmo, demás con ganas de cambiar el rumbo del país desde una butaca, participábamos en semidebates improvisados sobre lo que nos tocará vivir durante la futura transición de poderes.

No planteo nada fuera de este mundo y espero que la única consecuencia sea el despertar de un mejor país, más próspero y menos viciado.  En nuestras manos está el poder generar un cambio y como ciudadanos el de exigir que las cosas simplemente “se hagan bien” y no que se dejen solo hacer.
Mañana será otro día y seguramente nuevas cifras saldrán.  Espero que todo sea para bien de todos (eso sí que sonó a eslogan).